El Comercio | "Las huacas se veían como 'cosas de indios'"

José Canziani, experto en arquitectura prehispánica, analiza el punto de origen de la antigua ciudad de Lima y menciona la necesidad de reconciliarnos con ella para evitar una mayor destrucción
Por Javier Lizarzaburu


Le ha dedicado más de 40 años de su vida a estudiar la ciudad prehispánica y hoy lo reconocen como uno de los profesionales más influyentes en ese campo. Su libro más reciente, “Ciudad y territorio en los Andes”, es una exploración científica de las urbes que se levantaron en nuestro territorio antes de 1535. Lima, una de ellas.

Por eso es relevante cuando un hombre de ciencia como José Canziani habla también como un hombre de sensaciones. Al referirse a esa ciudad antigua, le resulta difícil no hablar del lugar como si se tratara de una persona. Para él, la ciudad enterrada está viva.

Este arquitecto siente el adobe de una manera particular. Cuando menciona el estado actual de la mayoría de las huacas, señala: “es como si te hubiesen secuestrado, torturado, violado y a la hora de liberarte te dejan encarcelado”. Las huacas no pueden hablar, señala, pero eso es el equivalente de lo que se les ha hecho.

LA CIUDAD PRIMIGENIA
Antes de ir al tema de qué podemos hacer con esas estructuras de barro, el objetivo es aclarar nociones sobre la ciudad del pasado. Por ejemplo, ¿podemos efectivamente hablar de ciudad? Si es así, ¿cuándo surge esa primera ciudad limeña?

Otro reconocido arquitecto en este campo es Juan Gunther. Según la teoría urbanística, explica, hay dos tipos de ciudades: “la ciudad que se levanta en el cruce de dos caminos, o en el cruce de un camino con un río suficientemente importante para que haya transporte. En el caso de Lima ambas cosas sucedieron. Las acequias también eran caminos, y todo eso formaba una red”.

Para Canziani, nuestra primera ciudad surge hace unos dos mil años, y precisa que esta se levantó en lo que hoy es el Parque de las Leyendas. “En la época lima (200-600 d.C.) tenemos una enorme entidad urbana, que es Maranga. Sus huacas son los rascacielos de esa época, y tenían un eje organizado de un kilómetro y medio”. O sea, sus edificios se desplegaban a lo largo de 15 cuadras según parámetros actuales.

Entonces, de lo que tenemos certeza es que la primera ciudad empieza con los lima. “Tenían una ciudad principal, que es Maranga, y una ciudad secundaria, que en esa época era Pachacámac. Con los ichma, Pachacámac recién se convierte en un centro fundamental”, aclara. Los otros centros importantes fueron Cajamarquilla y Armatambo.

TERRITORIO CREATIVO
De otro lado, vale la pena resaltar la manera cómo los antiguos limeños enfrentaron el espacio y le encontraron una respuesta eficiente. José García Calderón, arquitecto y profesor universitario de historia de Lima, dice: “el limeño prehispánico tenía conciencia de que estaba ocupando un territorio y que había que acondicionarlo”.

Él sostiene que en esa época “ellos no se veían como habitantes de una ciudad o del campo. Se veían como habitantes de un territorio, porque este concepto era mucho más integral”. Una visión que nadie disputa.

Si bien es cierto que en Lima hace 4.000 años ya teníamos arquitectura monumental (como la huaca El Paraíso, en San Martín de Porres), no podemos todavía hablar de ciudad, afirma Canziani. En esa época “no era ciudad porque no tenía la masa poblacional, ni la complejidad en la actividad de sus habitantes. Es un embrión de ciudad, si se quiere”.

El otro punto neurálgico tiene que ver con nuestra actitud frente a ese pasado, y la actitud que hemos tenido en los últimos 100 años frente a su protección.

PERDÓN Y MEMORIA
“No se respetó nada, por ceguera y por una actitud de desprecio que era racista. Las huacas se veían como ‘cosas de indios’”, denuncia Canziani. Con esta actitud, dice, el patrimonio “se vuelve un objeto que termina metido en una urna en un museo, desligado del monumento, de la gente que lo produjo y del territorio”.

El reto que nos ofrece este legado es reconocer los errores, sostiene. “Ha habido una destrucción muy importante de patrimonio, y hay que hacer un acto de contrición, porque si no hay arrepentimiento la reconciliación no funciona. Tenemos que saber que eso no lo podemos volver a hacer”.

De igual modo, cree que hay que restaurar la memoria de Lima. No para reproducir lo que había aquí, pero sí para que los ciudadanos sepamos de dónde venimos, y lo que le dio sentido a este espacio.

“Pueden ser cosas tan sencillas como poner un panel de información en el paradero del bus, que le diga a uno por qué una calle va en diagonal, como Paseo Parodi, o cuán viejo es el trazo de una avenida, como Camino Real”. Visto de otro modo, se trata de una cuestión de continuidad en una ciudad que no la tiene.

Es doctor en Arte del Construir y Urbanismo por la Escuela Politécnica de la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica). Se ha dedicado a la investigación de la historia del urbanismo y la arquitectura prehispánica. Actualmente es profesor en la Pontifica Universidad Católica del Perú y en la Universidad Nacional de Ingeniería e investigador del Centro de Investigación de la Arquitectura y la Ciudad.

 Suscríbete a nuestro boletín y recibirás diariamente vía email las nuevas publicaciones en la agenda.